Crónicas de Esperantia

Coimentarios y opiniones independientes hasta que dejemos de serlo

Francisco Javier Balmis y la increíble Expedición Filantrópica de la Vacuna de la viruela

La historia y la ciencia son dos de mis debilidades. Me gusta leer, conocer, saber algo más y estoy todo el día encontrando curiosidades, hechos sorprendentes y pasajes épicos que siguen proporcionándome grandes satisfacciones.

Conocía la historia muy por encima y recuerdo que me prometí escribir algo sobre ella hace tiempo. Ayer cuando volvía del partido escuché en SER, un programa que me gusta mucho, SER Aventureros, y que suelo escuchar esporádicamente por esas cosas de la vida que no te permiten, por una u otra circunstancia, seguir la emisión regularmente, pero para eso están los podcast.

Bueno, vayamos al grano, que ya empieza mi vena rollista y con tanto preámbulo no encuentro el modo de comenzar.

La historia comienza en los albores del siglo XIX, concretamente en 1803. Se había descubierto la vacuna contra la viruela y el médico español Francisco Javier Balmis solicitó al rey de España de la época, Carlos IV, la puesta en marcha de una expedición para llevar la vacuna hasta las tierras americanas.

Hoy en día, 200 años después nos parece muy fácil llevar vacunas de un lado a otro con medios de locomoción rápidos, seguros y bien equipados y sistemas de conservación que permiten llevar materiales perecederos de un lugar a otro del mundo sin mayores complicaciones. Por si te sirve el dato, en esos años, Napoleón buscaba la manera de llevar comida fresca a sus tropas sin tener que depender de lo que encontraban a su paso. Ofreció un premio de 12.000 francos a quien consiguiera idear una manera de hacerlo y se creó el primer envase de conservas esterilizado que era todavía de cristal, pero ya contenía los elementos típicos de lo que algo más tarde se convertiría en la típica lata en la que conservamos la comida y la bebida. Fue obra del maestro confitero Nicolás Appert que se llevó el premio en 1810 que le entregó el propio Napoleón.

Te dejo este dato para que veas la complejidad de llevar algo tan perecedero como una vacuna a miles de kilómetros de distancia y 7 años antes de que se descubrieran y pusieran en práctica los principios de la conservación.

Pero vayamos con el amigo Balmis. El reto de su expedición consistía en llevar la vacuna al continente americano a miles de kilómetros sin ningún tipo de medio de conservación. El médico ideó un sistema muy ingenioso para que el principio activo llegara a sus destinatarios. Embarcó a un centenar de niños en su navío y les fue inoculando la vacuna de uno a otro. El sistema consistía en llevar un único niño vacunado. La vacuna hacía efecto en unos 12 días en los que aparecían las pequeñas pústulas con pus. De ahí se extraía la siguiente vacuna que se inyectaba en otro niño para que a los 12 salieran las pústulas para extraer la siguiente. Así sucesivamente hasta terminar el viaje.

Balmis, no sólo consiguió con este sistema arribar con la vacuna a los grandes puertos americanos. Consiguió realizar igualmente expediciones en el interior del continente americano con notable éxito e incluso se embarcó con el mismo sistema para hacer llegar el nuevo descubrimiento a Asia. La historia es alucinante. Si te gusta, puedes profundizar algo más en la Wikipedia.

En el programa SER Aventureros, al que hago mención, no hablaron de la expedición de Balmis por casualidad. Se trataba de la presentación de la novela de Luis Miguel Ariza, Los hijos del cielo, que está ambientada en las hazañas del médico alicantino, aunque en esta ocasion de su periplo asiático, que está ya en la lista de mis proximas adquisiciones.

La imagen del busto de Francisco Javier Balmis, que se encuentra a las puertas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Alicante. La encontré en la Wikipedia.

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marzo 21, 2010 Posted by | Francisco Javier Balmis, Historia, Napoleón, vacunas | 1 comentario